Desde la década de los ochenta, el día 22 de abril fue de alguna manera significativo para mi, no porque este día se dedicará a la TIERRA, sino porque así, 22 de abril, se llamaba la comunidad que durante una buena parte de esa década llegue a conocer muy bien, aunque nunca viví allí.

Esa comunidad, muy cerca de la frontera entre San Salvador y Soyapango, se asentó en un lugar que durante largo tiempo fue el botadora de basura de la ciudad de San Salvador allá por los años cincuenta y sesenta, según me cuentan, y fue el primer lugar de la ciudad capital que llegaron a conocer y vivir muchas personas que venían del oriente del país huyendo del conflicto armado que se desarrollaba. Esa comunidad pobre, sin ningún tipo de servicio publico de agua, electricidad, teléfono y aguas negras pronto se vio lleno de personas que con muchos niños se venían a vivir dejando todo un modo de vida que habían conocido en sus zonas rurales de origen. La comunidad era muy pobre, en la tierra uno veía mucho plástico y basura como enterrados, y todo mundo decía que era parte de lo que había quedado de aquel botadero.
La 22 de abril, como mucha gente la conoce, se empezó a transformar a medida que las personas que allí vivían trabajaban y prestaban para mejorar las originales casas de bahareque en casas de ladrillos de concreto y de lamina galvanizada. Los gobiernos de turno también de manera eventual ayudaron a otros con proyectos donde se le daba a la gente los materiales de construcción y la gente tenia que poner la mano de obra.
Pero, además de las casas “formales” que fueron surgiendo, las calles pavimentadas vecinales y otras cosas, también algo fue transformándose en esa colonia. Los niños pequeños traídos del campo más los nacidos en el éxodo de aquella gente humilde fueron creciendo y fueron el terreno virgen donde empezó a caer la semilla fértil de la plaga de las pandillas.
De los años noventa para acá, la 22 de abril dejo de ser la comunidad paupérrima, maloliente, insalubre pero tranquila que yo conocí, y se convirtió en una comunidad tan peligrosa y violenta que ninguno de los restaurantes de servicio a domicilio, ni los repartidores de tiendas se atrevían a ir. Muertos, asaltos y amenazas ya era para la gente de la 22 de abril algo muy conocido aun antes que esto llegara a ser conocido nacionalmente.
Tengo muchos años, quizás unos 15 que no he vuelto a caminar por ninguna de las calles de la 22 de abril y ciertamente desconozco cuales son las condiciones de seguridad de esa comunidad, aunque la prensa salvadoreña y algunos blogs, ocasionalmente la mencionan, como muestran estos enlaces (enlace1, enlace2, enlace3), pero aun el día de hoy, cuando llega esta fecha, recuerdo muy bien aquella comunidad llena de gente pobre pero tranquila que llego a convertirse en una tierra peligrosa y violenta.