Verdades sobre una ciudad trágica
Viernes, 9 de Octubre de 2009
Los muertos somos nosotros, deambulando con miedo por el centro, y los vivos son aquellos que viven de la anarquía comercial y urbanística.
El contribuyente renuncia al ocio en la vía pública porque la autoridad, llámesela municipal o estatal, se ha quedado de brazos cruzados, sin entender al espacio público como un reducto inalienable para las expresiones más ordinarias de la vida ciudadana.
Y tampoco los empresarios parecen interesados en siquiera fomentar la discusión sobre recuperar no sólo el centro sino la circulación segura por otras zonas de viejo cuño porque a ellos mismos les conviene dejarlo así. De lo contrario, los centros comerciales permanecerían vacíos.
Sí. Es el mundo al revés. […]
Mientras, hombres y mujeres que sirven como peones del juego de la extorsión y el agiotismo, de la ominosa renta, de la rentable piratería, de ese mundo comercial paralelo insultante y visible en el que no se requiere mayor requisito que ser pariente, amigo o mujer de un marero, de un corrupto mando medio municipal, de un activista o de un dirigente de los ambulantes, gozan de los espacios por los que otros incluso pagan impuestos. Eso es lo verdaderamente macabro.
El tiempo pasa, los gobiernos municipales se suceden, unos de un color, otros de otro, coaliciones, sin que ninguno busque los consensos para encarar el problema, ya sea por las buenas, con una mesa multisectorial no excluyente, o por las malas, ya que rescatar el centro o cualquier otra zona implica sacar a los buses del trayecto, y a vendedoras, ya sean de verdad o ya sean las de fachada. ¿Eso es posible sin la fuerza? Tal vez. Pero es imposible sin la voluntad de nuestros líderes.
– Cristian Villalta, bloguero salvadoreño y director de el diario “El Gráfico”.
Leer verdades como esta duele. Duele mucho. Lo que me gustaría para la ciudad donde trabajo y paso la mayor parte de mi tiempo, lo escribi hace mas de un año en este post.
Duele mucho ver la ciudad capital y su gobierno municipal (el que se fue y el que ha llegado) sin planes, sin visión, sin futuro. Que triste.























