
“Cristina López ha puesto en lo mas alto del firmamento deportivo el nombre de El Salvador”. Opiniones escritas, radiales y televisadas como estas han llenado hasta hace pocos días los medios de comunicación de este país.
Y la verdad es que nunca antes, un atleta salvadoreño había logrado ganar una medalla de oro en algunos de los 14 juegos panamericanos anteriores. De hecho, ningún atleta salvadoreño había logrado alguna vez alguna medalla en los primeros 11 juegos panamericanos, hasta que un atleta de remo, en los XII celebrados en Mar de Plata, Argentina, logro una medalla de plata. Comparando esos juegos y los 11 anteriores, la cosecha de medallas ha sido mucho mejor, pues esta vez, atletas salvadoreños lograron 10 medallas en total, una de oro (la que gano Cristina López), 3 de plata y 6 de bronce.
Personalmente, me llena de mucho orgullo el triunfo deportivo de Cristina, así como lo de los otros atletas que participaron y de los que también ganaron medallas, y en el caso de Cristina, su hazaña tiene merito especial, considerando la circunstancia que ella es una madre soltera que tiene a su única hija gravemente enferma. El orgullo que siento no es porque crea que nuestro país sea mejor que otro, ni porque crea que el logro de Cristina “ha puesto en lo mas alto del firmamento” el nombre de nuestro país. Creería yo que al 99.99 por ciento de habitantes de las otras 48 naciones participantes de los juegos no solo desconocen sino que les importa muy poco esta hazaña. A mi me importa y me llena de orgullo como me llena de orgullo que un amigo complete su educación universitaria, o que un conocido termine un libro o un proyecto que le hace feliz. Como le decía a un amigo, es como orgullo ajeno, ver triunfar a alguien cercano y Cristina es mas cercana a cualquier salvadoreño que a cualquiera de los ciudadanos de esos otros 48 países.
Sin embargo, si me sorprende todo lo que se escribe y dice sobre lo que ella “merece”. Mas de algún periodista se quejo porque ella no fuera recibida de manera excelsa por las autoridades del INDES, del COES o de la federación salvadoreña de atletismo por dizque el periodista “andar paseando allá en Río de Janeiro”, sede de los juegos. Otros, dicen que ella merece recibir un cheque, una pensión vitalicia, o una casa o mas apoyo de gobierno para que su hija se cure.
No soy quien para decir que es lo que “merece” o “no merece”, Cristina López. Pero, esos comentarios me recuerdan las veces que he leído reportajes sobre como acá no se apoya a los artistas. Que si un cantante, pintor, danzante, actor no es escuchado, visto o contemplado a pesar de su “evidente talento” es porque el gobierno no apoya. Que si un escritor no tiene nada publicado, a pesar de su “tremenda habilidad literaria” es porque el gobierno no apoya.
Sinceramente, no creo que el gobierno tenga que patrocinar, ni a deportistas ni a artistas, ni dedicar un centavo que les lleven a su promoción personal. Y creo esto porque pienso que nuestro país tiene aun graves problemas que necesitan ser resueltos, de los cuales se necesitan fondos para poder aliviarlos. Nuestro país todavía tiene hospitales como el Hospital Rosales. Nuestro país todavía tiene niños que mueren por enfermedades fácilmente curables o prevenibles. Todavía hay niños que no van a la escuela, que no tienen comida saludable y balanceada, ni acceso a sistemas de salud con recursos. En este país todavía hay carencias básicas.
No dudo que Cristina López y otros deportistas de alto rendimiento sean personas que han sacrificado mucho de sus vidas a través de su esfuerzo para alcanzar metas y sueños, pero su actividad no es mas meritoria que el maestro o la maestra que asiste años tras año y bajo las amenazas de las maras, a una escuela en un cantón lejano careciendo a veces de muchos implementos para enseñar. Su esfuerzo no es mas extraordinario que el del doctor o la enfermera que va a una unidad de salud en un pueblo de Morazán o de La Libertad donde el ultimo bus sale a las 2 de la tarde, y que sin muchas medicinas e implementos tiene que tratar de curar y llevar salud a la gente que vive cerca.
Ayer, mientras pensaba en las ideas que queria exponer en este post, en el blog “El Visitador” leia un comentario que me llamo mucho la atención sobre el tema y el cual resume mi postura. El autor del comentario que firma GioSV dice:
El Salvador es un país pobre, con recursos económicos limitados que deben ser canalizados de la mejor manera para generar progreso. Y es así que ningún país desarrollado ha llegado a ese nivel enseñando a sus pobladores a pintar, cantar o danzar.
El desarrollo económico se alcanzó optimizando los recursos disponibles, principalmente el humano gracias a una tecnificación y especialización del mismo. Por ello, resultaba claro la diferenciación de una nación productora de café y otra productora de automotores. Desarrollo tecnológico igual a desarrollo económico.
El desarrollo artístico, al igual que el deportivo, no tiene mucho que ver con el adelanto de una economía, más bien el arte y el deporte son productos del desarrollo socioeconómico de un pueblo. […]
Mi conclusión es que los que quieran “vivir” el arte o el deporte en este país que lo paguen como un lujo que es. Los impuestos de todos directamente a educación técnica y salud.
(Las negritas son mias).
Es muy probable que jamás las empresas privadas salvadoreñas puedan dar el respaldo que los deportistas o los artistas salvadoreños “necesitan” para alcanzar su desarrollo. Aun el caso de una atleta como Cristina, no creo que todo el patrocinio económico que tiene (y que ella devuelve en fotos y anuncios apoyando esas marcas) pueda augurarle mas medallas, ni siquiera un futuro económico solvente. Y sé que muchos pensaran que ello es injusto.
Pero también, sé que este país tiene muchas injusticias mucho mas graves. El estado derrocha millones de dólares en mantener un ejercito ocioso y amenazante a la vez, en tener una pauta publicitaria que maquilla su gestión ineficiente, en burocracias que NO cumplen con la ley, que estorban el progreso, que persiguen a los buenos e ignoran y dejan hacer a los malos. Por ello, seria fácil concluir que unos cuantos millones regalados a deportistas o artistas solo seria un justo premio a su inmenso esfuerzo, pero hacerlo solo seria ser injusto con aquellos, con millones de salvadoreños que necesitan de esos millones (en salud, en educación, en seguridad) para alcanzar su real potencial.