La información y sus dueños
Jueves, 26 de Junio de 2008

Moisés Naím, un venezolano que fue ministro de industrias en su país y que ahora es editor de la revista Foreign Policy (una revista de la derecha estadounidense) escribio hace poco una columna que publicó el diario español El Pais y que tambien fue publicado por un diario local, cuyo titulo es el mismo de este post.
Hay maneras menos sangrientas de silenciar a los medios -o al menos hacerlos más dóciles-. Una es a través de leyes presuntamente diseñadas para regular a los medios de comunicación y al ejercicio del periodismo, evitar la difamación y proteger la reputación de las personas (léase gobernantes y políticos) pero que en realidad, son leyes mordaza que socavan la libertad de prensa.
Aun más potente que la vía legal es la financiera. Obviamente, la manera más fácil de controlar un medio de comunicación es comprándolo. Otro frecuente canal de influencia son las campañas gubernamentales, cuya publicidad se dosifica de acuerdo con cuán amigo del gobierno sea el medio de comunicación.
Estas prácticas muy comunes hacen que en esta era de la información la gran mayoría de la humanidad se informa a través de medios controlados por partes interesadas o que son muy susceptibles a la presión de intereses políticos y económicos.
Este fue el paradójico hallazgo del investigador Simeon Djankow y sus colegas quienes examinaron en 97 países quienes eran los dueños de los cinco periódicos más leídos, de los cinco canales de televisión más vistos y de las estaciones de radio más oídas. Encontraron que, como promedio, el Estado es dueño del 30% de los principales periódicos, del 60% de los mayores canales de televisión y del 72% de las principales estaciones de radio. El resto es predominantemente propiedad de familias, que controlan el 54% de los grandes periódicos del mundo y 34% de las mayores estaciones de televisión. Rupert Murdoch y Silvio Berlusconi no son la excepción, son la regla. Solo el 4% de los principales medios de comunicación del planeta tienen una estructura de propiedad dispersa entre muchos accionistas. La norma es que los grandes medios los controlan los gobiernos o los magnates mediáticos y sus familiares.
Esto tiene consecuencias. La investigación encontró que los países donde más concentrada estaba la propiedad de los medios de comunicación tenían mayores índices de corrupción, peor manejo de la economía, mercados financieros más distorsionados, peor calidad de la educación y de la salud y menos derechos civiles para sus ciudadanos.
No sé si los resultados de Djankow sean públicos o no. Por eso, no sé si entre esos 97 países investigados esté El Salvador.
Lo que si sé, es que lo que escribe Naím y los resultados de Djankow describen exactamente la situación de los medios de comunicación en El Salvador. Y los resultados y consecuencias también.
















