
Hoy hace exactamente, 50 años nació el único salvadoreño que ha sido mencionado en los medios futbolísticos internacionales como jugador de futbol. A pesar que el futbol es el deporte más popular en El Salvador, solo un salvadoreño ha trascendido en ese deporte que muchos elevan a categoría de arte: Jorge Alberto González Barillas, conocido más como “el mágico”.
Mucho se ha dicho y se ha escrito sobre el como futbolista y quizás mucho mas como persona. Una pariente de él me decía que jamás ha ido al estadio a un partido de futbol cualquiera que no haya oído hablar de él, en una conversación ajena, y me decía que la mitad de cosas que ha escuchado en esas conversaciones son falsas. No se mete en la conversación, solo le da un poco de risa.
A través de ella, lo conocí el año pasado e intercambie una charla intrascendente con el, precisamente por las circunstancias en las que nos encontrábamos y debo decir que me cayo bien. Esto último es un poco notable, porque antes no había tenido una opinión favorable de él. Quizás tampoco ahora la tengo. Siempre me pareció que alguien con la cabeza de él para jugar tan bien el futbol debió de haber tenido una mejor para sus decisiones en la vida y para las oportunidades que se le presentaron a lo largo de su carrera futbolística. Detesto mucho a la gente irresponsable y “bayunca” y el demostró su irresponsabilidad con creces siempre.
Afortunadamente, Jorge “el mágico” Gonzáles ha tenido buenos amigos. Estos no fueron los dirigentes, que mas bien, cual mosquitos, solo sacaron lo que pudieron de el, en términos económicos, sin compartirla con él, es decir, la eterna historia del futbolista en El Salvador. Para mas ejemplos, vea la historia de Raúl García, el exportero del C.D. Águila que publico la semana pasada El Faro. Mas bien, los amigos de Jorge, han sido futbolistas, compañeros de él, en la selección de 1982, que con menos dotes de jugador, pero mejores en lo que respecta a la cabeza, le han ayudado en términos de vender su imagen con fines de publicidad y lograr contratos que le permitan vivir. Por si solo, “el mágico”, jamás hubiera logrado nada de eso, dado lo bayunco (algunos le llaman “sin complicaciones”) que suele ser. Ha sido afortunado también, porque estando vivo ha logrado el reconocimiento de buena parte de la sociedad salvadoreña: pues ha sido premiado, se le ha dado su nombre a un estadio de futbol, de los dos que hay en San Salvador, ha tenido partidos de homenaje, ha sido el objeto de publicaciones periodísticas y en forma de libro, y todavía hoy, la gente suele pedirle autógrafos o una foto,, incluso en circunstancias bastante insólitas, pues me contaba esa pariente de él, que incluso durante las ceremonias religiosas de los funerales de su hermano y su padre, la gente buscaba al “mágico” para que le firmara una foto o para estrecharle la mano. Y creería yo, que así como va la cosa en el futbol salvadoreño, cuando muera, y ojala eso no sea pronto, será recordado por mucho tiempo como “el mejor futbolista” salvadoreño que ha existido.
Pienso, sin embargo, que el mejor homenaje que pudiera hacerse al mágico esta pendiente todavía. Porque creo que el mejor homenaje que podría hacerse a él como futbolista, como a todos los que nos hemos deleitado con su juego, sea que lo hayamos visto en vivo o en video, es que el futbol salvadoreño fuera algo diferente a lo que ahora es. Un futbol capaz de crear a futbolistas virtuosos con el pie para el “tratamiento del balón” como virtuosos de la cabeza y del corazón capaces de llegar a ser ejemplos, héroes o modelos de las generaciones que vienen. Cuando el futbol salvadoreño sea capaz de contar con sus filas con muchos futbolistas así, seguro que se habrá terminado de tallar el último homenaje al “mágico” González.